21 años para un reencuentro

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Por Francisco Medina

 

Cuando el pasado día 30 de Mayo, coincidiendo con el día de Canarias, recibí la noticia, a través de mi buen amigo y compañero de “spotteo” Juan Francisco Alemán, de que un DC-3 venía desde Sudáfrica en un vuelo ferry con destino Luxemburgo y que pasaría por Gran Canaria, todas las alarmas se activaron para el grupo de los “Gran Canaria Spotters”. Los rumores y la actividad febril dentro del grupo buscando más datos sobre el avión creció exponencialmente desde de que nuestro compañero común Adolfo Bento anunciara por primera vez la arribada a la isla de tan importante visita en términos aeronáuticos.

Como cualquier hijo de vecino al que le guste este apasionante mundo  que resulta de combinar fotografía y la aviación, sentí la natural curiosidad de averiguar más acerca del aparato en cuestión. Conociendo su procedencia surafricana, empecé a investigar en internet hasta que pude averiguar el nombre de la compañía a la que pertenecía dicho avión. No fue muy complicado dar con la web www.springbokclassicair.co.za  a la que perteneció hasta este mes de Junio ya que actualmente hay muy pocas que aún sigan volando estos aparatos carísimos de mantener dada su antigüedad.

Cuál sería mi sorpresa al saber que al mando de este avión venia el capitán Flippie Vermeulenal que tuve el honor de conocer en los años 70 cuando los Jumbos de la South African Airways hacían escala en las islas para cambiar de tripulación para no pasarse de actividad debido a la larga duración del vuelo. Debido a la reprobable política de Apartheid que en aquella época regía en Sudáfrica, una inmensa mayoría de los países africanos no permitían volar sobre su territorio a aparatos de la línea de bandera de ese país. De esta manera, la mayor parte del trayecto debía realizarse sobre el mar, con lo cual el vuelo se hacía muchísimo más largo. Por lo tanto, las islas Canarias y Cabo Verde se convertían en puntos imprescindibles en los que hacer paradas técnicas. De hecho, solía tomarse habitualmente en la Isla de la Sal cuyo aeropuerto, cuentan crónicas de aquella época, había sido construido por los soviéticos con  dinero sudafricano. Así era posible repostar y tener mayor seguridad en el vuelo de ida y vuelta los destinos habituales de Londres y Frankfurt. Esto hacía que los enormes aparatos que portaban dicha librea pasaran diariamente por nuestro aeropuerto. ¡Quién pudiera pillarlos hoy!

Cuando, afortunadamente, fue abolido el asunto racial sudafricano, la compañía dejo de operar en Gran Canaria tras muchos años, cerrando, como es lógico, la delegación que tenía en nuestra isla.

Corría el año 1994 cuando fue solicitada por parte de una agencia de viajes local una reserva a nuestro hotel para la tripulación y pasajeros de un vuelo de nostálgicos acaudalados que venían desde Sudáfrica con parad final en Oshkosh, Estados Unidos. Aparentemente podía parecer otro vuelo más de los muchos que hacían escala en nuestra Isla en aquella época, pero no era así si tenemos en cuenta que yo estaba siempre pendiente de todas las tripulaciones que pasaban por nuestro hotel para charlar con ellos sobre lo que me apasiona y también, siendo sinceros, “pescar” algún obsequio coleccionable como fotografías, pegatinas u otro objeto relacionado con el avión o la compañía del mismo.

Como comento al inicio de este relato, una vez que tuve conocimiento de la hora de llegada del DC-4, programé en mi trabajo salir a esa hora para poder ver la llegada de esa magnífica joya que tantos recuerdos me venían a mi mente. No en vano, durante la “mili” pude volar desde Gran Canaria a la Península y vuelta en uno de ellos desde Villanubla.

Sobre las 16:00 horas paso por el hotel mi hijo que en aquella época tenía unos dieciséis años a coger el coche para irnos al aeropuerto, ya que teníamos escasamente una hora para la llegada de este importante avión a nuestra Isla. Como no podía ser de otra forma, nos fuimos a la zona hoy llamada por todos nosotros “Carrancio” para poder verlo entrar lo más bajo posible y escuchar muy de cercar el peculiar ruido de sus motores, remembranza de otros tiempos.

Dado que yo no tenía posibilidad de participar en la bienvenida a nuestra Isla, ya que desconocía el recibimiento que tenían preparado en el Aeropuerto, se me ocurrió hacer un Cartel con una “W” bastante grande para que lo viesen desde el avión. Me pareció que con ese símbolo se entendería que indicaba el comienzo de la palabra inglesa Welcome, ya que hacerlo con todas las letras hubiese requerido la participación de más personas para sujetar un cartel mucho mayor. Muchos  ya conocen el viento y la tierra que se genera en ese lugar y ese día no iba a ser diferente.

En aquella época tenía un pequeño aparato de radio con sintonización manual, no como los de digitales de ahora en los que basta con introducir la frecuencia y ya está, con lo cual tenía que estar muy pendiente dándole a la perilla para arriba y para abajo para no perder la escucha de  la torre.

Creo recordar que pasadas las 17 horas entró en contacto con la frecuencia de torre. Pude escuchar una llamada en inglés, por supuesto, pero con bastante acento sudafricano por lo que le dije a mi hijo que casi seguro que eran ellos. Y, efectivamente, no tardamos mucho tiempo en ver en el horizonte la figura de ese precioso avión.

Como no podía ser de otra manera, me puse con los brazos en alto (como si me estuvieran atracando) sosteniendo mi humilde cartel que les daba la bienvenida a Gran Canaria, siendo correspondidos por la tripulación y algún pasajero de la parte derecha del aparato. Es una lástima que no tenga ninguna foto que inmortalizase ese momento tan importante para mí y mi hijo, pero en mi memoria está grabado y el recuerdo es tan nítido que parece que lo viviese de nuevo al escribir estas líneas.

Volviendo al vuelo, ya en el aeropuerto fueron recibidos con un grupo folklórico y demás tipo de agasajos por parte de las Autoridades del Cabildo, que entregaron paquetes con souvenirs de la isla, además de serles entregada a todos los viajeros una placa conmemorativa de su escala en Gran Canaria por parte de AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea)

Podrá el lector imaginarse  la sorpresa del capitán VermeulenDSCN6621 cuando al día siguiente en el hall del hotel cuando al acercarme  y comentarle que yo, junto con mi hijo, éramos las personas que le habíamos dado la bienvenida de esa manera en la corta final el día anterior. Ante tal original forma de bienvenida, según sus propias palabras, me agradeció con una invitación personal para visitar el avión. Muy a mí pesar, no pude llevarla a cabo por motivos laborales que eran incompatibles con el horario propuesto.

Debieron pasar 21 años para poder ver de nuevo al capitán Vermeulen por esta Isla y, pensando que, dado que en aquella época no teníamos la tecnología que poseemos en la actualidad, la entrega de una fotocopia del artículo aparecido en el periódico de aquella época donde venia una foto de él en la cabina del DC-4 sería de su agrado.

Dicho recorte de prensa lo dejé en la recepción del Hotel Santa Catalina, lugar donde estaban alojado, con una pequeña nota donde le explicaba que era el Jefe de Recepción del Hotel Meliá Las Palmas, que había conservado todo ese tiempo como un valioso recuerdo y que quería obsequiársela para que la tuviera como recuerdo de su paso por Gran Canaria.

Cuando me llaman desde mi antiguo Hotel para comentarme que hay una recepcionista del Hotel Santa Catalina, tratando de localizarme, pues “hay un cliente que tiene muchísimo interés en hablar con el Sr. Medina,  deduje emocionado que no podía ser otro que el capitán Vermeulen el que estaba  intentando ponerse en contacto conmigo.

Con gran excitación devuelvo la llamada al Santa Catalina y hablo con la recepción, me identifico y  recibo de la recepcionista un “¡Menos mal!, porque este señor ha estado preguntado varias veces si me habían localizado pues tenía mucho interés en hablar con usted”.DSC_7061 Añade el número de habitación en la que se hospedaba y yo, considerando que son las nueve y treinta de la noche y teniendo en cuenta el largo viaje que tendrían que hacer al día siguiente, comento que no quiero molestar, insistiendo la recepcionista en que me pasaría con él. Después de varios vaivenes si y de que no al final la recepcionista decide comunicarme con la habitación. Escucho el tono de llamada y, respondiéndome la Sra. Maryna Vermeulen, me presento y da una exclamación de alegría, pasándome inmediatamente al  Sr.Vermeulen.DSC_7064 En un tono muy sincero y cordial me dice que si puedo bajar al hotel a tomar algo y hablar con ellos. Le comenté que no podía desplazarme esa noche pero le propongo la idea de concederme cinco minutos al día siguiente en la mañana para hacerme unas fotos con él y su tripulación. Me contestó con un rotundísimo “Yes, of course!!!”.

DSC_7057Al día siguiente tuvimos ese esperado y agradable encuentro que de cinco minutos previstos se alargó a casi veinte, ya que estuvimos haciéndonos unas fotos y charlando, mayormente de su paso con el DC-4 en el año 1994 que se recogía en el artículo y de su próxima etapa de vuelo en su periplo con el DC-3. La tripulación y acompañantes, todos muy amables e interesados, accedieron a fotografiarse con nosotros, dejando constancia visual de tan emocionante encuentro.

El capitán Vermeulen me obsequió, con una gorra de Springbok Classic Air DSCN6632y yo le entregué un parche de los Gran Canaria Spotters que nuestro querido compañero Tomás López Asensio (Q.E.P.D.) me regaló en su día. No se me ocurre, querido Tomás, mejor manera de haberte homenajeado. Creo que, conociéndote como te conocía, habrías hecho lo mismo.

Considero que los Gran Canaria Spotters hubiésemos tenido  bastante suerte si hubiese podido entregar la humilde hoja de periódico el mismo día que los sudafricanos arribaron a Gran Canaria. Dada su amabilidad, es muy probable que el martes nos hubiesen abierto el avión para que disfrutáramos de su interior y fotografiarlo hasta que nos cansásemos. Siento muchísimo, compañeros spotters, no haber estado más avispado.

Una de las distintas cosas sobre las que hablamos aquella mañana fue que si le podía ser posible salir por Juliet, ya que había varios compañeros dispuestos en la valla para fotografiarles, a lo cual respondieron que tratarían de hacerlo y, al mismo tiempo, nos enviarían sus saludos. Desgraciadamente, según me comento Adolfo Bento, al final fueron autorizados a salir por Echo pero igualmente estuvieron atentos y saludaron al llegar a Las Puntillas, gesto que tenemos que agradecer al capitán Vermeulen y su tripulación.

Para finalizar, quiero comentar que he procedido, vía correo ordinario, al envío de copias impresas de todas las fotos sacadas con la tripulación en el Hotel Santa Catalina para que guarde un recuerdo de su paso por la isla de Gran Canaria hacia Luxemburgo con el flamante DC-3. Estoy seguro de que las disfrutarán tanto como lo hemos hecho nosotros.

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Una respuesta a “21 años para un reencuentro

  1. Querido amigo Francisco,magnífico documento que pasará a la historia aeronáutica de nuestra isla.
    Fue todo un placer el escuchar y ver de nuevo por nuestros cielos esa bella máquina.
    Saludos

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